Noche Zikaron Basalon en la Sefa, una velada llena de emociones para conmemorar Yom Hashoá

Noche Zikaron Basalon en la Sefa, una velada llena de emociones para conmemorar Yom Hashoá

Un evento del Centro de Estudios Multisensorial y Bitui.

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Eran las 17:15 horas. Estaban los tres. Allí, sentados. Con el semblante tranquilo y una sonrisa dibujada en su cara. Sí, son el señor Peter Rosenfeld, el señor Julio Botton y la señora Bina Neger. Los tres hablan entre sí y charlan un poco con la gente que los rodea. Pareciera que poco ha sucedido durante sus vidas. Pero no. Los tres, en distintos contextos. Diferentes escenarios. Pero unidos por un mismo hilo conductor, están dispuestos a abrir sus corazones. Dispuestos a ser una voz más del Holocausto. Son ellos: Bina, Peter y Julio.

La noche de Zikaron Basalon, en el Colegio Hebreo Sefaradí, fue una velada llena de emociones y recuerdos que cimbraron los pisos 4º y 5º de la Comunidad.

“Un día yo quería ver a mis padres. Entonces dije: ‘Mi papá lleva una estrella de David en su brazo. Por su puesto, que eso quería decir que yo era judía. El padre llamó a mi nana para que me sacara del convento, pues ponía en riesgo a los demás niños judíos escondidos ahí”, contó estremecida Bina Neger, de quien su familia fue enviada al gueto de Sambor, Polonia.

Su padre, David Neger, decidió dejarla con Fesia, su nana ucraniana, quien cuidó de ella hasta que terminó la guerra. Para que no llorara la escondía debajo de las sábanas y le daba frambuesas. Ella apenas tenía tres años, pero sabía que tenía que quedarse quietecita, sin hacer ningún ruido. Actualmente Bina vive en Guatemala y ha dado varias pláticas a colegios e instituciones para transmitir su historia. Así como la importancia de la memoria del Holocausto.

 

“Si nosotros callamos, ¿quién hablará?”, primo Levi.

 

“En 1944 nos mandaron a un gueto. Una maleta por familia. Pasé tres día llorando. Llegó ese día en el que nos obligaron a subirnos a un tren de ganado. No sé por qué. Pero mi madre nos dijo que nos subiéramos al segundo tren. Después supe que el primer tren llegó a Auschwitz. Gracias a la intuición de mi mamá llegamos a Strasshof.

“En una de las paradas del tren, casualmente vimos a mi padre. Realizaba trabajos forzados. Quiso subirse al tren con nosotros, pero mi madre le dijo que cada quien siguiera su propio destino, yo tenía 6 años, “contó Peter Rosenfeld Span, quien vivía en Yugoslavia. Fue llevado a una granja donde por un tiempo pudo permanecer a lado de su madre y hermanos.

Al terminar la guerra, junto con su madre y hermanos, regresaron a su hogar en Yugoslavia. Milagrosamente, al abrir la puerta su padre los esperaba dentro.

“Era 13 de abril de 1945. Fui prisionero en Bergen Belsen alrededor de un año, aunque tuve la suerte de permanecer junto con mi familia, las condiciones de vida eran terribles. Ya casi al final de la guerra nos subieron a un tren camino a Theresenstadt, pues ya venían los aliados.

“Una mañana nos encontramos con que los alemanes que nos transportaban habían huido abandonándonos a nuestra suerte en medio del campo. Dos días después llegaron a liberarnos dos tanques norteamericanos”, relató Julio Botton, nacido en Salónika y quien llegó en 1950 a México. «Encontré una patria que me dio la posibilidad del arraigo. De sentirme libre y de ser lo que quería ser. No me considero un sobreviviente. Me considero un viviente”.

De esta manera, frente a un grupo, de jóvenes pertenecientes a diferentes instituciones de la comunidad judía. Formados en círculo, escucharon atentos las, más que charla, lecciones de vida que marcaron la historia del Pueblo Judío y de la humanidad. Una inmanente historia que sólo sirve para reflexionar, no olvidar, y guardar como ardid para saber que jamás volverá a suceder algo así.

Al final de la velada, los jóvenes de la comunidad judía presenciaron el cierre del evento con la entrega de los donativos proporcionados a la fundación Ayuda para los Sobrevivientes, representada por la señora Karen Rayek.

Durante la ceremonia de clausura se leyeron poemas y una canción de Eli Eli, interpretada por Shanny Aronovich, Yara Litvack y Danny Gutfraind.

“Auschwitz, Treblinka, Majdanek… sólo serán  nombres, barracas y chimeneas si nadie recuerda las historias que se vivieron ahí. El Holocausto no puede ser sólo un suceso más. Un recordatorio casi anual. Nosotros el día de mañana seremos los testigos de los testigos”, concluyó Elena Kalach, miembro del comité organizador del evento.

Hay que “mantener la integridad a salvo, con un rostro animoso. No dejar de admirar las cosas bellas de la vida”, recitó Fanny Zajontz, directora del Centro de Estudios Multisensorial, haciendo referencia a la fortaleza de los sobrevivientes.

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